Altas capacidades: situaciones frecuentes en casa y en el aula
Por Lic. María Carmen Vieyra · Psicóloga y Orientadora Vocacional · 23 de septiembre de 2026
Las situaciones que más desgastan a las familias de chicos con altas capacidades son seis: el aburrimiento en la escuela, el perfeccionismo, la frustración ante lo que no sale a la primera, la sensibilidad intensa, la dificultad para encontrar pares y el bajo rendimiento escolar. Ninguna se resuelve exigiendo más: se acompañan dando desafíos a la medida, permiso para equivocarse y un lugar donde ser uno mismo.
Van seis escenas que escucho seguido en la consulta, con lo que suele ayudar y lo que conviene evitar.
1. "Se aburre en la escuela"
Termina antes que todos, se distrae, molesta, o directamente deja de entregar. El aburrimiento sostenido no es un capricho: es lo que pasa cuando alguien pasa horas repitiendo algo que ya domina.
Qué ayuda: pedir una reunión con la maestra o el equipo de orientación escolar y plantearlo en concreto, no como queja. Proponer alternativas para cuando termina: profundizar el mismo tema, un proyecto de investigación propio, ayudar a un compañero sin convertirlo en su ayudante permanente.
Qué evitar: más tarea de lo mismo. Si ya resolvió diez ejercicios iguales, veinte no agregan nada; lo que necesita es otra cosa, no más cantidad.
2. "Es perfeccionista y abandona"
Rompe la hoja, no quiere mostrar lo que hizo, evita lo que no domina de entrada. Detrás suele haber una idea rígida: "si no me sale perfecto, no sirvo".
Qué ayuda: elogiar el proceso y la estrategia, no el resultado ni la inteligencia ("me gusta cómo probaste otra manera" en lugar de "sos un genio"). Mostrarle que los adultos también nos equivocamos, en voz alta. Proponerle actividades nuevas en las que no sea el mejor, para que practique tolerar el error.
Qué evitar: reforzar la identidad de "el inteligente de la familia". Cuanto más pesa esa etiqueta, más miedo da fallar.
3. "Se frustra muchísimo"
Acá aparece la asincronía: razona como alguien mucho mayor, pero gestiona la frustración con las herramientas de la edad que tiene. Que hable como un adulto no significa que pueda regularse como un adulto.
Qué ayuda: nombrar la emoción antes de razonar ("te dio mucha bronca que no saliera"), esperar a que baje la intensidad y recién después conversar. Anticipar que en lo nuevo es esperable no poder al principio.
Qué evitar: "con lo inteligente que sos, no puede ser que te pongas así". Esa frase le confirma que su valor depende de rendir.
4. "Le afecta todo demasiado"
Una noticia, una injusticia en el recreo, una escena de una película. También aparecen preguntas grandes y tempranas sobre la muerte o el sentido de las cosas, que a veces lo angustian.
Qué ayuda: tomar en serio la pregunta y responder con sinceridad y a su medida, sin discursos enormes. Cuidar la exposición a contenidos que todavía no puede procesar. Validar: "a mí también me impresiona".
Qué evitar: minimizar ("no es para tanto", "sos exagerado"). La sensibilidad no se corrige; se acompaña.
5. "No encuentra amigos"
Muchas veces el problema no es social sino de coincidencia: le cuesta encontrar chicos con sus mismos intereses. Otras veces empieza a esconder lo que sabe para encajar, y eso sí es preocupante.
Qué ayuda: buscar espacios donde se encuentre con pares de intereses, aunque sean de otra edad: talleres de ciencia, ajedrez, teatro, robótica, club de lectura. Ayudarlo a entender que puede compartir juegos con unos y conversaciones con otros.
Qué evitar: forzar amistades "porque son de su edad" y, sobre todo, pedirle que disimule lo que sabe.
6. "Puede mucho más de lo que muestra"
Es el bajo rendimiento, y suele ser la señal más costosa a largo plazo. Puede aparecer por aburrimiento, por miedo a fallar, por no querer destacarse o por una dificultad de aprendizaje que convive con las altas capacidades.
Qué ayuda: entender la causa antes de actuar, y ahí una evaluación ordena mucho. Después, acordar con la escuela cambios concretos y sostenerlos en el tiempo.
Qué evitar: castigos y presión. Rara vez el problema es falta de voluntad.
Un hilo atraviesa las seis escenas: separar lo que ese chico puede de lo que ese chico es. Cuando el cariño y la identidad familiar quedan atados al rendimiento, cada error se vuelve una amenaza. Cuando no, el potencial tiene lugar para desplegarse.
Cómo hablar con la escuela
Pedí una reunión con el docente y, si existe, con el equipo de orientación escolar.
Llevá hechos, no etiquetas: qué observan en casa, desde cuándo, con ejemplos concretos.
Si hay informe profesional, compartilo y repasá juntos las recomendaciones.
Proponé opciones realistas para el aula: compactar lo que ya domina, sumar profundidad, darle un proyecto.
Acordá una fecha para volver a verse, en cuatro a seis semanas, y evaluar cómo fue.
Y algo para los adultos
Criar a un chico así cansa: preguntas todo el tiempo, discusiones bien argumentadas, intensidad emocional. No hace falta tener todas las respuestas ni convertirse en su profesor particular. Alcanza con ser el adulto que sostiene, pone límites y habilita. "No sé, busquémoslo juntos" es una gran respuesta.
Si querés herramientas para acompañar esta etapa, la Orientación a padres es un espacio para ustedes, sin el chico presente. Y si todavía estás ordenando qué te pasa con el tema, empezá por qué significan las altas capacidades.
Preguntas frecuentes
Puede ser una buena opción, pero se evalúa caso por caso. No alcanza con el rendimiento académico: hay que mirar su madurez emocional, cómo se lleva con chicos mayores, su tamaño y sus ganas, y acordarlo con la escuela y con él. Muchas veces conviene primero enriquecer o acelerar solo una materia.
No. Necesita desafíos, no agenda completa. Una o dos actividades alineadas con sus intereses, más tiempo libre para aburrirse y crear, suelen funcionar mejor que una semana sin huecos, que además aumenta la exigencia y el cansancio.
Conviene contarlo, con foco en lo práctico: cómo aprende, qué lo aburre y qué propuestas le sirven. Sin esa información es muy difícil que el aula se ajuste. Si aparece resistencia, un informe profesional con recomendaciones concretas suele destrabar la conversación.
¿Necesitás herramientas para acompañar?
La Orientación a padres es un espacio para ustedes. Escribinos y lo conversamos.